...De ti solo queda la súplica del viento
contra el ventanal que no abriré más,
una tarde que al irse te llevará consigo.
En la noche mis palabras se tuercen,
se enclavan sobre este cuello
tan cerca de pedregales y breñas...
Irina Ojeda. Poema escrito sobre la soledad

Sortear la esfinge

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Después de leer Una rosa de Hermigua en Cuba, bastaría al más inexperto lector, cuando realice su obligado y rudimentario balance crítico, descubrir mucho más allá de las  decenas de páginas del volumen,  la sola intención del  autor Jesús Reyes Díaz, de ofrendar su catedral de palabras a su abuela. Eso solo basta para él y para su libro: ofrendar. Si la mayoría de los que escriben buscan una variada gama de objetivos, donde predominan los mercantiles,  este autor persigue ese solo: ofrendar, ofrendar, ofrendar. Qué lejos de pretensiones espurias, qué distante de tantos intereses lacayos de mucha de nuestra literatura cubana y qué superior a la palabrería espumosa, golpeada por los arrecifes del vacío, que desgraciadamente  inunda las librerías y conforma  nuestros artificiales arquetipos: pareciendo   tal summa escritural, al rasgarse tales  vestiduras, que intenta desnudar y arañar   a la nación. Por  fortuna, tales poéticas  se quedan en el mejor de los casos allí,  derrotadas frente al portón y son fulminadas por no entender a la esfinge cubensi.  


La feminidad deificada, un acercamiento

La sociedad no sacralizada asume, consiente e inconscientemente, elementos provenientes de la religión. Cuba, país esencialmente religioso, cumple especialmente esta afirmación, haciéndose necesarios, cada vez con más frecuencia, estudios que aborden este fenómeno desde aspectos científicos, alejados de la superfiacilidad de lo pintoresco o de las descripciones, que, lejos de apoyar el desarrollo de opiniones al respecto, cuando son limitadas, permiten la reproducción de estereotipos infundados.

Un aspecto importante, en correspondencia al fenómeno religioso, es la relación que este guarda con cuestiones como las relaciones de parentesco, las relaciones de pareja, y dentro de estas, particularmente, la visión alrededor de la mujer, que, como es sabido, ha sido típicamente discriminada por muchas creencias e instituciones religiosas. El propósito de nuestro artículo  es realizar un acercamiento, sin ánimos de agotar el tema, a esta circunstancia, con el deseo de proveer algunas ideas al respecto y de motivar en otros investigadores la profundización  alrededor  de esta temática...


Los silencios profundos

En febrero de 2006, un grupo de jóvenes autores viajamos a Ciudad de La Habana para recibir —en una ceremonia inolvidable—, el Diploma que nos acreditaba como ganadores absolutos del premio Calendario 2005 que otorga la AHS. Nos «hospedamos» en un hotelito de La Habana Vieja, muy próximo al cine Payret —de cuyo nombre no quiero acordarme—, por razones que me recuerdan demasiado a Papá Goriot y a Eugene de Rastignac, y fue allí, en aquel ambiente ciertamente lúgubre, del mejor cine negro norteamericano, donde conocí al poeta Luis Yuseff.

Desde entonces, sus poemarios han ido acumulándose en mi biblioteca, con la certeza de que no acumulo libros, sino fragmentos de vida, obsesiones recurrentes, aplazamientos y renuncias muy bien fijadas por la memoria.

Ahora que me acerco a estos «silencios profundos», advierto que Yuseff ha ido construyendo una poética que magnifica la conciliación del Hombre —en tanto ser ontológico—, con el universo ético y estético que lo precede, y en esa búsqueda —no siempre calma; no siempre absoluta—, se generan las propias laceraciones y hendiduras que signan sus textos.


Sobre Crimen y Castigo

Algunos críticos temerarios han calificado a la novela Crimen y castigo, como “novela policíaca” porque en ella ocurre un asesinato, la búsqueda de un culpable y la estancia en ese infierno que es la cárcel.

Pero aunque posea estos componentes de la novela policíaca o de la novela negra, tan de moda en la actualidad, Crimen y castigo es ante todo una de las grandes novelas psicológicas y sociales de todos los tiempos.

Su autor Fiodor Dostoeivski supo retratar en esta, y en otras de sus grandes obras, la mentalidad de los seres perturbados por las obsesiones y las ideas relativas a la ética y la convivencia en sociedad...