...Pasatiempo futuro de los arqueólogos,
mi destino es sortear la aguja de las miradas,
ante Ti, en danza ajena al tiempo, leves olas
de horripilación y éxtasis. Soy la isla que acuna la botella que soy y entrega una costa furiosa
a la carne expuesta a ser dolida...
Isván Álvarez. Algunas cosas ciertas

Cada libro niega al anterior, y el anterior me niega a mí (entrevista a Anisley Negrín)

“Hay talento joven pujando un lugar en las letras”, dijo en algún momento Gaudencio Rodríguez Santana. Yo diría que los jóvenes narradores están inmortalizando sus creaciones en tiempo record. Por ejemplo: Anisley Negrín Ruiz, Santa Clara, noviembre de 1981. Primera investigación: apenas unas publicaciones en revistas literarias. Segunda búsqueda —dos años después—: Sueños morados/sueños rojos (Editorial Sed de Belleza); Feeling, Premio de Cuento “Félix Pita Rodríguez”, (Editorial Unicornio); Temporada de patos, Premio de Cuento “Alcorta” (Editorial Cauce); Isla a mediodía, mención en el Concurso Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, Diez cajas de fósforos (Premio de Cuento “David”, todavía en edición).

 Enigmática, como suelen ser algunos letrados, accedió a esta entrevista. Demasiado cuidadosa, quizá, para hablar de sí misma y de sus dotes literarias. 

¿Desde cuándo escribes cuentos?

Desde siempre. Desde el estupor ante el enero del 2004 que nacía muerto, y de pronto se estuvo muerto para que yo lo narrara. Desde el primer poema  pésimo que pintó mi pluma y pisoteó mi pie. Desde la primera letra que aprendí, la a, y la segunda, la be, y la tercera, la ce, y la sensación agónica (o canónica) de juntarlas. Desde una acera de mi infancia, frente a un parque. Desde un parque de mi juventud, frente a una acera. En el 2004 me graduaba de una carrera que te enseña que legalidad y justicia no tienen por qué ser lo mismo, y cobraba mi primer salario por decidir no ejercer ni la una ni la otra, sino enseñar a otros que legalidad y justicia no tienen por qué ser lo mismo. En el 2004 intentaba ser otra: me dejé crecer el pelo, me vestí de domingo, me senté en un banco y observé. Decidí que el año estaba bastante muerto ya, así que no había nada que me impidiera escribir. Y escribí. Y estamos hablando de unos cuantos cuentos...


Escribo para llegar a ser capaz de comprender por qué hacemos las cosas

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Cuando, finalizado 2001, los suplementos literarios de los diarios de más tirada hicieron pública la selección de autores que han firmado las mejores novelas del año, un nombre casi desconocido para el gran público apareció en todas las listas: Belén Gopegui. Nacida en Madrid en 1963, esta escritora ha publicado ya cuatro obras. La tercera, La conquista del aire, se llegó a definir de “novela perfectísima”, calificativo similar al obtenido por su último trabajo Lo real (Anagrama).

Licenciada en Derecho, se dedicó durante varios años a reseñar obras literarias y realizar entrevistas para diversas publicaciones pero, un tanto desencantada con estos cometidos y apoyada por la entonces ya consagrada Carmen Martín Gaite, envió su primera novela, La escala de los mapas a una editorial y su buena aceptación supuso el inicio de su carrera literaria...


Rosa Regás: "Hoy sólo se habla de literatura en los jurados de los premios"

"Es difícil expresar la emoción que siento. Estoy contenta porque voy a conseguir un público amplio, pero, sobre todo, porque voy a poder comprar el único bien personal que de verdad deseo: tiempo". Esta fue la frase con la que la escritora Rosa Regás agradeció la concesión del Premio Planeta del año 2001, dotado con 100 millones de pesetas, a su novela La Canción de Dorotea. Rosa Regás se presentó al premio con el seudónimo de Brandon B y con el original del texto titulado Secretos del amor oscuro. La novela trata la historia de una profesora universitaria que vive en Madrid y que contrata a una mujer para que cuide a su padre enfermo en una casa de campo. A partir de esta anécdota, Regás elabora una trama de tintes góticos y amores pasionales. "El paisaje de esta novela es la pequeña corrupción de todos los días".


Entrevista de Ruth Mª Rojo al escritor José Carlos Somoza

¿La literatura es para usted una profesión o una forma de liberar sentimientos e ideas?

La literatura es, para mí, una profesión. Por supuesto que una de las cosas que hacemos los escritores es “liberar sentimientos e ideas” en aquello que escribimos, pero esto no quiere decir que la literatura pueda ser concebida como “una forma” de hacer eso. Sería como preguntarle a un cocinero si la cocina es, para él, “una forma” de añadir sal o aceite...


PARA QUE AÚN NOS PERTENEZCA EL OTOÑO Y OTRAS COSAS VERDADERAS

Resulta difícil imaginar que una conversación con un creador cubano parezca interminable. Este pudiera ser un diálogo mucho más allá de tres interrogantes, pero Luis Manuel Pérez Boitel (Remedios, Villa Clara, 1969) a quien conozco y quiero desde siempre, de cuando frecuentaba la Universidad Central de Las Villas y junto a otros amigos compartíamos lecturas y encuentros, conoce bien el significado de las palabras.

 

Por ello me atrevo a interrogarle, y como grandes amigos, de los que quedan pocos, iniciar nuestro encuentro con un buen café.  Lo cierto es que este creador importante en las letras cubanas, hoy no todos tenemos el privilegio de encontrarlo como años atrás en ciertos eventos nacionales o de provincia.  Pareciera que no le importa tales espacios, pero está atento a ellos y  sabe como yo que bastan tres preguntas para decir lo que necesitamos.


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