...Aquellas bibliotecas murieron con mi calma.
Tuve que aprender los vicios incurables,
huir con los amigos.
¡Oh, diablos! los amigos.
Yo tuve los amigos más breves de este mundo,
de esos que se desprenden...
Maylén Domínguez. Seis años maldiciendo

La feminidad deificada, un acercamiento

La sociedad no sacralizada asume, consiente e inconscientemente, elementos provenientes de la religión. Cuba, país esencialmente religioso, cumple especialmente esta afirmación, haciéndose necesarios, cada vez con más frecuencia, estudios que aborden este fenómeno desde aspectos científicos, alejados de la superfiacilidad de lo pintoresco o de las descripciones, que, lejos de apoyar el desarrollo de opiniones al respecto, cuando son limitadas, permiten la reproducción de estereotipos infundados.

Un aspecto importante, en correspondencia al fenómeno religioso, es la relación que este guarda con cuestiones como las relaciones de parentesco, las relaciones de pareja, y dentro de estas, particularmente, la visión alrededor de la mujer, que, como es sabido, ha sido típicamente discriminada por muchas creencias e instituciones religiosas. El propósito de nuestro artículo  es realizar un acercamiento, sin ánimos de agotar el tema, a esta circunstancia, con el deseo de proveer algunas ideas al respecto y de motivar en otros investigadores la profundización  alrededor  de esta temática...


La Valkiria errante se decapita en el ágora de Cnosos

La Valkiria errante se decapita en el ágora de Cnosos

 

Monólogo de Laertes, hijo de Boecio, en el ágora de Cnosos y vituperado por un público rancio en cuestiones de defecaciones orales. Por una razón muy de peso,  el escribano de la plaza transcribió, en los usuales discos de barro, la totalidad de la verborrea.[1]

 

          Ácratas y concubinas:

He tenido una cruel revelación mientras reposaba cerca del altar del Oráculo de Dódona: la decrepitud de la literatura en cierta isla y, sobre todo, de quien se sitúa en la vanguardia de los imberbes escritores que inauguran, con una devoción solar, el siglo XXI. Sí, aquellos que dudan y eructan blasfemias deben descender sus cuerpos y recogerse en sus tálamos pues Zeus, fuente de mis ensoñaciones, me reveló su pánico horror por la plaga que se nos avecina. En su estado, sólo percibí ideas inconexas. Cuanto pude reunir es lo que expongo. Mis labios se mancillarán con objetos y términos seborreicamente ajenos a nuestro tiempo, con frases y actos que validan lo previsto por nuestro algebrista Anaxágoretas: la presencia palpable de la antimateria en nuestras comarcas...


Bestia negra sobre una bestia blanca (sobre la poesía de Irina Ojeda)

Me moriré en París con aguacero

un día del cual tengo ya el recuerdo.

César Vallejo

 

Perdón, Irina —dice mi parte más insana—, pero me canso de verte sobre la bestia blanca. Bestia, por demás, desnutrida, de apenas 48 páginas, incapaz de soportarme.

Para quien se apellida “becerra” no queda otro oficio que el de pastar. Pasta, pues, Irina, y no escribas porque —según tú— no eres hermosa. Ser fea no es razón para escribir, pero tampoco para dejar de hacerlo. Busca otro motivo, otro oficio. No describas animales tan exóticos como aquellos de ojos pétalos negros y bocas de cigarra. ¿Qué animales son esos, Irina, para que sus cabellos sean plumas mojadas de un cisne y su traje la piel de los peces? Bestias son, está claro, pero ¿blancas? Por Dios, Irina, si no pueden existir animales más oscuros...


Poeta en trance: sobre la poesía de Cecilio Herrera

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Los grandes poetas tuvieron una adolescencia escritural, que no necesariamente se estima ingenuidad creativa (Dante escribió la Vita Nuova antes que la Commedia), sino vitalidad, promesa, aliento de ábrego. Candidez confesional, donde todavía el oficio no ha velado el discurso; donde el yo lírico es, a la manera de Helena Beristaín[1], una entidad que no había tenido oportunidad de encubrirse, de ficcionalizarse y distanciarse de sí mismo en el mensaje poético. La joven poesía es como el suspiro incontenido o el cuerpo virgen sin vestiduras, ruborizante.


Sobre Farewell en re menor

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Si miramos el oficio de escribir no sólo como un oficio sino como un estilo lúdico de vida, podríamos decir que hay escritores que juegan a inventarse realidades extrañas, que en muy poco les recuerden a la vida cotidiana por considerarla trivial y monótona, en tanto otros afirman “yo sólo cuento lo que vivo, lo que observo”

El libro y el autor que les presento hoy parecen preferir una tercera modalidad en este juego, y es que Yordis Monteserin, en los cinco cuentos que conforman su Farewell en re menor no elije personajes o situaciones extraordinarios; prefiere tomar los escenarios más comunes y jugar con ellos imaginando posibilidades inusuales, raras, a partir de lo conocido...


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