...Y es que para Carpentier la historia es, al tiempo que proceso, duración y acontecimiento, problema del hombre, y es hacia esta última dirección donde apunta fundamentalmente, transfiriendo a su novela una historicidad axiológica que concierne a las interrogantes sociales e individuales de los sujetos históricos en todos los tiempos...
Carmen Marcelo. Cinco novelas cubanas

Acerca del uso del copretérito conativo en los juegos infantiles

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             Anastasia in memoriam

ahora yo me llamaba Anastasia,

sangrante bajo la metralla de los comisarios rurales;

ahora tú te llamabas Pimen,

y llevabas una como cofia blanca

y un icono aprisionándote los pectorales.

ahora yo caía lejos de los fuegos parisinos,

y no le importaba a los soviets

que tuviera un hermano hemofílico.

ahora tú mirabas por los binoculares las carreras olímpicas

en un estadio que llamarán Luzhnikí...


Caída de Babilonia

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Luz de lámpara no alumbrará más en ti,

ni voz de esposo y esposa se oirá más en ti.

Ap 18, 23.

 

Nada se oirá más en ti

sino el eco en las ruinas.

Tus fuertes puertas,

tus murallas de adobe,

tus palacios.

El diluvio se ha cerrado sobre ellos

y es el fin.

En vano acudiremos a los templos,

a las inútiles súplicas.

Pero yo rezaré a Ishtar,

en vano llore

ante lo que tan caro nos fuera.


Animales difuntos

Codorniz

El aguacero de codornices decapitadas siega el hambre a los que cruzan el desierto. Una lluvia de pájaros sin cabeza es una lluvia sin cabeza.

Mientras el orador despluma las gotas, la arena se contenta al recibir los pétalos del ave que lentamente se deshojan.

El orador es el marinero del desierto. Tras la tormenta de codornices naufragó: no ha podido soportar la desarmada fuga de la arena en su vuelo.


Asesino de aves. La poesía de Lariza Fuentes

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Soy el asesino de las aves

Hice grandes empresas marítimas

para admirar este continente

y ahogar cada pluma moribunda

en las edades pasadas.

Los nombres de cada ave

habitaron esta ancha faja de tierra

que rechacé en la oscuridad (...)


ACARICIABA EL AGUA LOS OJOS DEL VIAJERO

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ACARICIABA EL AGUA LOS OJOS DEL VIAJERO Qué cálido, muchacha, que estén en ti mis cosas. Estuve, tú dormías, puse allí mi equipaje. Hoy separé mis ojos de tu lugar de tablas húmedas y la arena aquí está todavía.


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