
Anastasia in memoriam
ahora yo me llamaba Anastasia,
sangrante bajo la metralla de los comisarios rurales;
ahora tú te llamabas Pimen,
y llevabas una como cofia blanca
y un icono aprisionándote los pectorales.
ahora yo caía lejos de los fuegos parisinos,
y no le importaba a los soviets
que tuviera un hermano hemofílico.
ahora tú mirabas por los binoculares las carreras olímpicas
en un estadio que llamarán Luzhnikí...

Luz de lámpara no alumbrará más en ti,
ni voz de esposo y esposa se oirá más en ti.
Ap 18, 23.
Nada se oirá más en ti
sino el eco en las ruinas.
Tus fuertes puertas,
tus murallas de adobe,
tus palacios.
El diluvio se ha cerrado sobre ellos
y es el fin.
En vano acudiremos a los templos,
a las inútiles súplicas.
Pero yo rezaré a Ishtar,
en vano llore
ante lo que tan caro nos fuera.
Codorniz
El aguacero de codornices decapitadas siega el hambre a los que cruzan el desierto. Una lluvia de pájaros sin cabeza es una lluvia sin cabeza.
Mientras el orador despluma las gotas, la arena se contenta al recibir los pétalos del ave que lentamente se deshojan.
El orador es el marinero del desierto. Tras la tormenta de codornices naufragó: no ha podido soportar la desarmada fuga de la arena en su vuelo.

Soy el asesino de las aves
Hice grandes empresas marítimas
para admirar este continente
y ahogar cada pluma moribunda
en las edades pasadas.
Los nombres de cada ave
habitaron esta ancha faja de tierra
que rechacé en la oscuridad (...)

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