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Diploma entregado a Luis Cabrera en ocasión de su 60 cumpleaños
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Carta abierta a Luis Cabrera Ciudad de La Habana, 9 de febrero de 2005.
Querido Luis:
No reunimos aquí todos tus amigos, colegas, editores y los niños que te admiramos para rendirte homenaje en tu cumpleaños. Cumplir años es algo muy importante para todo el mundo, pero cuando se trata de un escritor, una persona que como tú inventa fantasías, reinterpretas realidades, es como si, en vez de uno fueran varios cumpleaños. Y tú no has reinventado un mundo mejor en cada una de tus hermosas, bien escritas y conmovedoras historias. Solo tú no hiciste comprender, hace muchos años ya, que Antonio Maceo fue un niño muy especial, como sólo pueden serlo los grandes. Gracias a ti todos tenemos una maravillosa Tía que se llama Julita y nos lleva a viajar a un sitio llamado “Cualquier Parte”. Contigo supimos de El niño de la bota, del dolor de Pedrín, que todos tenemos Dos abuelos que vinieron desde muy lejos. Nos has presentado a Los Calamitosos, al inefable Carlos el titiritero y a Nano y Nino. Por si fuera poco, con Ito, entendimos mejor el trauma de un niño cuando se le acorrala injustamente por su apariencia, o las penas de Mayito, la magia de Catalina, esa maga redentora y las peripecias de Raúl, su abuela y los espíritus, Capote Blanco, El aparecido de la mata de mango, ¿Dónde está La Princesa? uno de tus libros más recientes nos dio la dimensión real de un problema que aqueja al mundo entero, esta vez visto desde los ojos de la infancia: el SIDA. Y no hay por qué olvidar otras obras tuyas como Vino tinto y perejil, Palomita blanca, ¿quién me va a llorar?, Maritrini quiere ser escritora o Vueltas de vidas revueltas. Ya podemos imaginar cuánto amor, cuánto esfuerzo, cuánta dedicación pero, sobre todo, cuanto sentimiento has puesto en cada uno de ellos. Sabemos que no siempre fueron entendidos tus libros, que algunos guardan el ominoso sueño de la ineditez, pero eso no importa ahora… Hace ya 20 años, cuando nos conocimos en la UNEAC, durante una premiación de La Rosa Blanca, y tú apenas habías publicado tu primer libro y yo era un autor inédito, recuerdo que compartimos en unos minutos montones de proyectos, ideas, conceptos, sueños y fantasmas. Desde aquel momento, supe que me encontraba frente a un ser especial, alguien con esa mirada para ver las cosas diferentes y el tino suficiente para hablar de ellas. Bueno, ya lo dices tú cuando afirmas: “De niño siempre quise ser trapecista, maestro y carpintero; ya de adulto comprendí que sólo siendo escritor podía ser las tres cosas”. Y lo has logrado de veras, Luis, porque un escritor puede ser cuanto se proponga y más, y lo que es mejor, compartirlo con todos los demás. Por eso, hoy, a nombre de todos tus colegas, de cuantos te quiere y admiran y de la Sección de Literatura Infantil de la Asociación de Escritores de la UNEAC te entregamos El Premio Especial La Rosa Blanca por el conjunto de tu obra y dedicación y compromiso fiel a la causa de la infancia ¡Y ahora, que te saluden todos los ángeles del mundo, con un vuelo blanco de palomas!
Enrique Pérez Díaz.
Presidente de la Sección de LIJ de la UNEAC.
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